Al principio, cuando empezamos a ganar dinero nos volvemos perezosos.
-Si nadie nos compra sufrimos, y nos desanimamos.
A veces la gente si quiere el producto y se demora por diferentes razones:
- No dispone del dinero.
- No te conoce.
- No está seguro si lo van a estafar
- Lo quiere pensar dos veces.
- No está preparado, quizás más tarde lo compre.
Hay muchos motivos por los que el interesado en comprar un producto no lo compra de una vez. Y debemos ser conscientes de eso.
Mi primer negocito en la Zona Colonial fue una papelería. No entraba ni la brisa del Malecón. Y yo vivía a una esquina de él. Todo el que entraba era para venderme algo. Me desanimaba.
Qué gente más roñosa –me decía- No gastan ni en un lápiz.
En esas rabietas llegó un vendedor de golosinas y me dice:
- ¿Tiene bolígrafos?
-Siiiiiií.- le respondí emocionada.
Me compró el bolígrafo sin preguntarme el precio.
- Qué raro Ud no tiene aquí ofertas de caramelos, chickes, chocolates.
- Es que esto es una papelería.
- Eso no importa. Las farmacias lo venden. Eso atrae a los niños, y los niños son los mejores mensajeros.
- Pues sí, tiene razón. ¿Y qué cree yo pueda vender de lo que Ud trae?
A Ud le puede convenir esta oferta surtido de paletas y chocolates.
- Póngalas a la vista. Es más, le voy a prestar un exhibidor. Y no se desespere. Esto es venta segura. He visto muchos niños por aquí.
Al mes uno de mis renglones de venta eran las golosinas. Aumentó el servicio de copias porque los niños tenían que imprimir sus tareas. Mi negocio parecía un círculo infantil. A cuatro ojos para que no se robaran mis chocolates.
Poco después entraron los currículos y la digitación e impresión de tesis. Los diseños de tarjetas y talonarios de recibos. El montaje de gafetes. La hechura de catálogos. Cuántos servicios y ventas en menos de tres meses. Y todo por conocer a un buen estratega en ventas.


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