El mejor consejo que he recibido en este mundo de los negocios por Internet ha sido el que me dio un viejo experto: Amiga, no le expreses tu proyecto a tu familia ni a tus amigos cercanos. Van a usar cualquier argumento que te desmoralizará. Este es un camino que debes recorrer sola, a tu cuenta y riesgo. Y compartirlo con personas ajena a tu círculo más cercano. Tienes que tratar de buscar gentes que caminen sobre tu misma cuerda, ya aparecerá quien querrá probar andar contigo.
No le escuché del todo porque soy entusiasta y obstinada, y no más encontrarme una de mis amigas, se lo compartí. Su respuesta fue tajante.
Yo no quiero aprender a vender. No lo soporto. Detesto vender: LO ODIO.
Su expresión de guerrera vikinga me irritó. Sólo le había comentado.
De inmediato me empezó a hablar de su mamá. Sus buenas cualidades. ¡Qué lástima no la conozcas! Y el niño, ya tiene 9 años. Inteligente como su padre. Tú sabes que Ignacio es un cerebro. A Ignacio lo conocía de pasada. Le decían “el camagüeyano” por su carita de perro. Y del muchachito me acordaba muy bien: un bofe.
- No sé por qué dices que odias vender. Tú vendes a todas horas.
- Yo nunca te he vendido nada, amiga.
- Como que no. Me vendes a tu mamá, me vendes a tu hijo. Me vendes a tu marido, y a tu persona cuando me dices: Mira qué joven me veo.
Te pasas la vida vendiéndome algo. Entonces ¿cuál es tu problema? Ya me “jartas” con tus ventas y yo te las recibo, y te las tolero. Una venta detrás de la otra.
Se molestó y me dejó de hablar por largos meses. Hasta que coincidimos en un evento. Me sonrió. Le sonreí. Me contó que había montado un hotel y terminamos cenando en un restaurante.
-Necesito que veas esas habitaciones.
-Jejeje, me estás vendiendo el hotel y todavía no he comenzado mi cena. Tú que odias vender.
-Acéptame, mis disculpas. A veces no somos humildes con el otro. Necesito promover mi hotel. Hacer un sitio web y ponerlo a correr en Internet. Sé que eres CEO y me han dicho que lo haces muy bien.
Era un elogio, pero yo había sufrido tanto con su falta de apoyo…qué me podía importar su buena opinión.
- Ya no estoy en eso. Ya no vendo.
- No puede ser…con lo ilusionada que estabas en ese curso.
- Tú me mataste la ilusión. Me acomplejaste. La gente como tú desalienta a cualquiera.
-Lo siento. -dijo, como si con esa frase resolviera el mal sabor.
-Hay alguien que puede ayudarte, un chico que aprendió conmigo en aquel proyecto. Toma su teléfono.
Ella esperaba que fuera yo, para ver si no le salía gratis, pues... menos costoso, pero no me inspiraba. Ese defecto de guardar rencor, debía trabajarlo más.
Se levantó e hizo ademán de pagar. Ya le conocía, era sólo un ademán, y le ahorré el apuro dejando un billete dentro de la cuenta. No quería parecerme a nadie.
La moraleja, si es que no las has adivinado, te la cuento más tarde. Ahora debo pelar las rosquitas, que duermas bien.
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jueves, 25 de junio de 2015
Ella me dijo: Odio vender, me entiendes, lo detesto
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