Lo más difícil para mi ha sido crear un equipo.
Me faltaban algunos componentes en la madurez del liderazgo, yo diría dos de los más importantes: el coraje y la generosidad.
El coraje, porque no me atrevía a dar el paso. Tenía miedo.
Y la generosidad porque yo tenía el concepto del jefecito: exigir y mandar.
Sí, del jefecito de cuatro pelos, lo confieso, soy débil, por un tiempo cedí. Me encontraba agotada, dando cujazos a unos molinos que se movían entre la realidad y mi imaginación.
Ya lo dije, cedí, imitaba por comodidad y para no crear escisiones.
Me daba cuenta que el mediocre prosperaba más rápido que yo. El mediocre, la mediocre, el poca cosa, la poca cosa, no hacen sombra ni ponen en evidencia lo que al otro le falta. Son perfectos para el juego del jefecito o la jefecita.
Y una le coge sabor a esa categoría aunque huelas a zumo de brócoli.
Esa era mi escuela. Una escuela odiosa que ni yo misma interiorizaba, pensaba que por debilidad. Y algunos de mis superiores creían lo mismo. Llegaron a considerarme “conflictiva”. Entonces tuve que apagarme, comprar una sombrilla, esconderme. Porque dondequiera que iba, allá el oportunista y la oportunista corrían para ponerme el puntico negro con las personas que podían ayudarme o considerarme para un proyecto especial.
Y en esa posición, apagadita, debajo de las hojas del melón, comencé a soñar y organizarme. Mientras los demás salían con sus serpentinas, pitos y cornetas, yo tenía que caminar escondida, la cabeza gacha, como si mi pecado hubiera sido tan terrible.
¿Y cuál fue la estrategia?
Soñar. No es una tontada. Soñar para mí y para muchos es aspirar a lo que consideramos imposible. Y yo no voy a contar mis sueños para que nadie me los robe. Y, sobretodo, porque los verdaderos soñadores no necesitan de los sueños de nadie. Lo que necesitan es saber cómo empezar a andar el camino de sus sueños. Y eso es lo que les voy a regalar hoy. Mis secretos más significativos. Y digo regalar porque yo nos los compré. A mí me los obsequiaron también, y ahora, yo empiezo a cumplir el segundo requerimiento: GENEROSIDAD, enseñándoles el primer paso.
Aunque Ud no lo crea, el primer paso es escribir sus sueños.
Antes, por favor, vea este video
Como programar su mente para el éxito
Ahora...
Escriba en un papel, block de notas, libreta, no en la computadora, sino en un papel lo que Ud desearía en su vida.
Por favor, hágalo como un escolar, escríbalo. No importa el disparate que sea. Le advierto que deben ser cosas positivas porque con las negativas no funciona. Y que sean cosas que no le hacen daño a nadie. Tenga esto muy presente.
Quiero obtener un Ph en Matemáticas y que me otorguen una cátedra en la Universidad de Maryland.
ESCRÍBALO
Quiero un Ferrari del año.
ESCRÍBALO
Quiero una avioneta como la de John Travolta.
ESCRÍBALO
Quiero que mi hija se gradúe en la Universidad.
ESCRÍBALO
Quiero pagar mis deudas este año y necesito 100 mil dólares.
ESCRÍBALO
No escriba que le quiere quitar el marido o la mujer a alguien porque esos deseos están fuera de alcance en este programa. Aspire a sueños positivos.
Haga la lista y comience a buscar imágenes que tengan que ver con sus deseos. Péguelas en un pequeño lugar de su oficina, su cuarto, de donde Ud pasa el mayor tiempo.
Y diga ya tengo mi casa, ya tengo mi auto. Si maneja el programa Photoshop use una foto de graduados de la Universidad de Maryland y sustituya el cuerpo de su hija con la toga y el diploma posando para la foto de graduación y péguela en ese pequeño muralito. Y disfrute la alegría de ese momento.
HÁGALO
Ya lo escribió. Ya lo tiene en imagen. Ya es suyo. Ya está en su mente.
Así creó Dios el Universo y nosotros somos semejantes a Dios.